Uso de los corchetes

 

 

Los corchetes se utilizan por regla general de forma parecida a los paréntesis que incorporan información complementaria o aclaratoria.

 

La combinación de los corchetes con otros signos ortográficos es idéntica a la de los paréntesis, esto es, los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre corchetes se coloca siempre después del cierre.

 

Los corchetes se utilizan en las ocasiones siguientes:

 

Orientación de uso

Ejemplos

 

Cuando dentro de un enunciado o texto que va entre paréntesis es preciso introducir alguna nota aclaratoria o precisión.

 

Una de las últimas novelas que publicó Benito Pérez Galdós (algunos estudiosos consideran su obra Fortunata y Jacinta [1886-87] la mejor novela española del siglo XIX) fue el caballero encantado (1909).

 

 

En poesía se coloca un solo corchete de apertura delante de las últimas palabras de un verso para indicar que no cabe en la línea anterior.

 

 

Soñaba en ese entonces en forjar un poema,

de arte nervioso y nueva obra audaz y suprema,

 

escogí entre un asunto grotesco y otro trágico,

llamé a todos los ritmos con un conjuro

                                                         [mágico

 

y los ritmos indóciles vinieron acercándose,

juntándose en las sombras y huyéndose y

                                                         [buscándose.

 

(José Asunción Silva: El libro de versos)

 

 

Cuando, en un texto transcrito, el copista o editor quiere incorporar alguna parte que falta, aclaración, nota, desarrollo de una abreviatura o cualquier interpolación ajena al texto original, se usan los corchetes (también es posible utilizar los paréntesis con esta función).

 

 

La nieve hermoseaba [texto tachado: los parques y edificios de] la ciudad aquella fría mañana de diciembre.

 

Se utilizan los corchetes que encierran tres puntos suspensivos […] cuando en un texto transcrito se omite una parte de él, ya sea una sola palabra o un fragmento.

 

En este caso, es posible escribir los tres puntos dentro de paréntesis (…).

 

 

Pensé en lo que usted me había enseñando: que nunca hay que odiar a nadie. Le sonreí para decírselo; pero después pense que él no pudo ver mi sonrisa […] por lo negra que estaba la noche.

 

(Juan Rulfo: Pedro Páramo)